20/02/2012 10:48 | Lola Fernández
No hubo referencia a un día de protesta en la calle más que para dolerse de la previsible disminución del flujo de dinero que recibirá la ¿industria? cinematográfica española este año. No hubo más reivindicación del antaño rebelde colectivo artístico que la del recuerdo de las víctimas del franquismo, en la voz de las actrices de "La voz dormida",y la de Isabel Coixet, defensora del juez Garzón en un documental premiado. No hubo pancartas, ni arengas, ni desplantes al ministro Wert, presente en la sala. De hecho, la policía desalojó a todos aquellos que quisieron mezclarse entre el público del exterior del Palacio Municipal de Congresos con una máscara de Anonymous en la recámara. Más aún: parece que el público que recibía a los actores a los gritos de "¡Guapo!", "¡Guapa!" al pie de la alfombra roja era de palo: extras contratados para que nada escapara al control de la organización. La gala transcurrió con tal placidez, que casi parecía preconstitucional, también por el look, los números como de revista (del rap orquestado por Langui mejor callar) y los chistes de una (no demasiado protagonista) Eva Hache, que estuvo mejor en los sketches que en los monólogos.
Los premios fueron a parar a los favoritos: "No habrá paz para los malditos" (Mejor Película, Actor y Director para Coronado y Urbizu), "La piel que habito" (Mejor Actriz para Elena Anaya y Actor Revelación para Jan Cornet) y "La voz dormida" (Actriz revelación para María León y de reparto para Ana Wagener). "Eva" se llevó Actor de reparto (Lluís Homar) y Director Novel (Kike Maillo) y "Blackthorn", Dirección de Producción, Fotografía, Artística y Diseño de Vestuario. Castigo absoluto a Álex de la Iglesia, que vió cómo se iba de vacío hasta José Mota, favorito como Actor Revelación. Varapalo (esperado) a Almodóvar, que sólo se lleva cuatro de 16. Un triunfador fuera de las quinielas fue Santiago Segura, con la mejor intervención de toda la noche, a años luz en sentido y gracia de las de la propia presentadora. También hubo un espontáneo que no supo aprovechar su ocasión: no quedó muy claro el objetivo de su interrupción: ¿un western en Extremadura? A Isabel Coixet, que en ese momento recogía el Premio al Mejor Documental por su trabajo acerca del Juez Garzón, no le hizo ninguna gracia y lo despachó con su fría displicencia habitual.
Antes de todo esto, ya se habían helado los ánimos en el Palacio. El discurso a tres de la plana mayor de la Academia de Cine fue un renegar de todo el debate que planteó el mandato anterior, propiciado por su anterior presidente, Álex de la Iglesia, que trataba de poner cara de póquer ante lo que decía el actual jefe de todo esto, Enrique González Macho: “Internet aún no forma parte de la actividad económica del cine. No dudamos de que formará parte esencial de nuestro futuro, pero este futuro todavía no ha llegado”. Así cristalizaba ese pensamiento puramente español que no acaba de ver la necesidad de creer e invertir en su propio futuro: ni en educación, ni en ciencia, ni en tecnología. La cara de muchos de los presentes debía de ser un poema. Y escribo debía porque el realizador de televisión tuvo a bien no mostrar más caras que las de la oficialidad presente en la sala.
Para el final, algunas preguntas sin respuesta: ¿Es Belén Rueda la Nicole Kidman española? ¿Acaso no recuerda Eva Hache una nueva Gracita Morales? ¿Qué estaría pensando Bernard Arnault, esposo de Salma Hayek y amo del lujo global al frente de LVMH, de esta entrega de premios con aspecto de función de fin de curso? ¿Quizá lo mismo que Melanie Griffith, que tampoco entendía demasiado de lo que se hacía y decía en el escenario? ¿Por qué la mayoría de los trajes de los señores parecían heredados? ¿Y por qué a ellas casi siempre se les nota que van de prestado? Rescatemos a tres: María Valverde, Verónica Forqué y Clara Bilbao, creadora del vestuario de "Blackthorn". Para todo lo demás, está visto que no basta con una Mastercard.