Advertencia: cine para adultos a la vista

No vamos a descubrir ahora la fiebre infantil que sufre nuestra cartelera. Entre películas de terror, comedias románticas intrascendentes y producciones para teens entre 13 y 35 años, apenas encontramos historias que hablen sobre el hoy y el ahora sin buscar la evasión fácil o poner paños calientes. Esta semana sí. "Shame" es una película para adultos. Muy pero que muy adultos.

17/02/2012 11:00 | Lola Fernández

Carey Mullingan en Shame. Carey Mulligan, el torbellino que pone todo patas arriba en 'Shame'.

"Shame" retrata la adicción sexual de Brandon (Michael Fassbender), un exitoso ejecutivo neoyorquino cuya ordenada rutina vital se ve interrumpida por la aparición de su hermana Sissy, un caos hecho mujer. La cinta viene precidida de muchísima polémica: la han tachado de absurdamente provocadora, pornográfica, exhibicionista e incluso patética. Sin embargo, hay varias razones para suspender el deseo de evasión cinematográfica y verla. Al menos, garantizamos una acalorada discusión post película. A favor están las interpretaciones de Michael Fassbender y Carey Mulligan. Ambos son ahora mismo los niños mimados del cine, sobre todo él, que este año ya ha arrasado con "Jane Eyre" y "Un método peligroso". Ella hace suspirar al personal masculino de medio planeta desde "Una educación", pero la verdad es que a mí me había dejado un poco fría en "Drive"... Aquí por fin muestra la cantidad de emoción por segundo que puede llegar a destilar: su interpretación del clásico "New York New York" en la película pone los pelos de punta.

La segunda razón para verla es el aval de la infinidad de premios que la producción ha logrado tras su paso por los festivales: 2011: Copa Volpi al Mejor actor y Premio Fipresci en el Festival de Venecia; nominación al mejor mejor film británico y actor en los Bafta; nominación para Fassbender en los Globos de Oro; seis nominaciones en los Satellite Awards y otras seis, en los British Independent Film Awards. Y podría seguir... Otro argumento tiene que ver con el director, Steve McQueen, un artista contemporáneo que, con este su segundo largomentraje, adquiere al fin las hechuras de una narración cinematográfica, pero con la potencia visual del arte. Hay mucho espacio para el espectador en la película, algo poco frecuente en las películas más convencionales.

Digamos, ya, el pero: la película es crudísima. Hay mucho sexo explícito, pero es no es lo agresivo del asunto (de hecho, la retina de cualquier espectador está más que acostumbrada a según qué dosis de sexo y violencia), sino el subtexto. No hay nada sexy en "Shame", y sí mucha desesperación, ansiedad, adicción y soledad. Y mientras unos ponen el grito en el cielo por la exhibición del pene de Fassbender (asunto este que podría haberle "quitado" la nominación al Oscar), otros nos quedamos sobrecogidos por otras escenas altamente insoportables, como el final que para sí quiere el personaje de Carey Mulligan. Puede que unos prefieran quedarse en los comentarios acerca del tamaño del miembro viril del actor británico o de las escenas de sexo que protagoniza. Quizá no quieran hablar de la pobreza espiritual y de la falta de calor de una pareja de hermanos que ya no saben qué hacer con el agujero tan grande que llevan en su interior. A Brandon le da por el sexo como podía haberle dado con el juego, la comida, las compras, las drogas y el alcohol, o todo lo anterior. Es el retrato descorazonador y triste de dos personas que no son capaces de manejar sus emociones, sus carencias, sus necesidades. En su encuentro, uno halla en el otro algo de lo que le falta. No resolvemos, no resuelve el director, si eso será suficiente para salvarles.

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