17/01/2013 07:00 | A.A
En un mundo en el que impera la uniformidad, la labor artesanal que desempeñan estos talleres es como una reliquia de otros tiempos. Y es a la casa Chanel y a su director artístico Karl Lagerfeld a quienes hay que agradecérselo.
Nos referimos al plumajero Lemarié, al creador floral Guillet, al sombrerero Michel, al botonero Desrues, al orfebre Goosens y al zapatero Massaro. Juntos configuran las «siete maravillas de la alta costura», y perduran gracias a que la firma de la doble C los adquirió en 2002.
El presidente del departamento Actividades Moda de Chanel, Bruno Pavlovsky, afirma que «hemos querido preservar un patrimonio y un saber hacer únicos, pero, además, esta inversión debe ayudar a las empresas a desarrollar, innovar y formar nuevos talentos para asegurar la perennidad de nuestros oficios».
Y es que este puñado de talleres son los que permiten que los sueños creativos de los grandes diseñadores de moda se hagan realidad. Todos ellos poseen un savoir faire ancestral que continúa vivo.
Aves del paraíso en Lemarié
Plumas de cisne, avestruz, pavo real, buitre... Lemarié es prácticamente el único profesional que las trabaja en Francia. Su tarea consiste en tintar, afinar y posteriormente coserlas delicadamente a las prendas que les llegan provenientes de los talleres de Chanel. «No nos alejamos un ápice de las directrices de la casa», asegura una de sus responsables.
«Monsieur Lemarié es, ante todo, el hombre de las camelias», ha señalado Lagerfeld, porque, además de trabajar todo lo relativo a las plumas, es el encargado de confeccionar los varios centenares de miles de camelias, símbolo de Chanel. En tweed, organdí, piel de pelo, satén y hasta en plástico o cartón, ningún material se resiste a sus manos maestras.
Guillet y las flores
No camelias, pero sí otro tipo de flores son las que crean desde 1896 los talleres Guillet; desde las composiciones aparentemente más simples, a las más elaboradas. En una ocasión tuvieron la misión de confeccionar cinco mil rosas para un abrigo. Y lo lograron con éxito.
Los sombreros de Michel
La Maison Michel puede presumir de conservar más de3.000 formas de sombreros. Y no tenemos más que echar un vistazo a sus archivos: guardan cada uno de los diferentes modelos en madera, desde 1936, año de su fundación.
Lessage ya está entre nosostros
El artesano Lesage fue el mítico bordador de las grandes casas de la alta costura, hasta su fallecimiento hace pocos meses. Además de perfecto dominio del oficio, sus empleados poseen una paciencia infinita. No olvidemos creaciones como los vestidos inspirados en los biombos de Coromandel (otoño-invierno 96/97), que necesitaron 2.000 horas de trabajo. Poseen la mayor colección de bordados del mundo.
Botones exquisitos
Para más muestras, un botón. O mejor dicho, centenares y centenares de ellos. Los de Desrues, cuyos fondos cuentan con más de 80.000 piezas que trazan sus siete décadas de historia. De sus talleres, salen al día alrededor de 4.000 unidades, en nácar, madera, metal, o resina. La ropa gana, y mucho, con unos buenos complementos.
Proveedor de Coco
El orfebre Goosens es por ello el quinto de los grandes talleres. Gabrielle Chanel lo convirtió en uno de sus proveedores, hace más de medio siglo, por ese arte a la hora de mezclar piedras con maestría, en brazaletes y collares. «La exigencia de calidad continúa siendo nuestra marca de fábrica», se apresura en señalar Patrick Goosens, hijo del fundador de la empresa.
Zapatos de Cenicienta
En la pasarela resulta fundamental el calzado, que debe ser exclusivo y muy refinado. El artífice de casi todos los modelos que se lucen en la semana de la costura parisina desde hace décadas es Massaro. Desde Rue de la Paix, no muy lejos de la Rue Cambon, son varias generaciones las que se han encargado de vestir los pies más famosos. En 1957, coco con codo con mademoiselle Chanel, Raymond Massaro creó el más famoso zapato de la historia: el modelo bicolor de esta firma, que sigue en excelente estado de salud hasta nuestros días.
Todos estos maestros artesanos cuentan con el apoyo de los actuales responsables de Chanel, quienes les permiten, además, que puedan seguir desarrollando su oficio para otras grandes casas como Dior, Lacroix, Givenchy, Hermès o Jean Paul Gaultier, entre otros. Si Coco se percató del potencial de estos talleres, Lagerfeld ha dado con la fórmula empresarial para que puedan seguir adelante. Todos ellos forman parte del patrimonio cultural francés, porque ninguna casa de alta costura sería lo que es sin su exquisito y minucioso trabajo artesanal.