27/12/2011 08:00 | Lola Fernández
¿Velas? ¡Siempre! Cada detalle es un regalo para los que los disfrutan.
Son cinco reglas básicas, desarrolladas por la Escuela Internacional de Protocolo de Madrid, infalibles a la hora de convertir las reuniones familiares en citas a la altura de los invitados más exigentes. Porque de vez en cuando es un gusto tratar a los tuyos como si fueran la mismísima Familia Real. Y para estar como en casa tienes el resto del año.
1. Recibimiento de los invitados: el momento clave para marcar la dinámica de la velada
Con el objetivo de esperar a que lleguen todos los comensales, y para romper el hielo, lo mejor es servir un aperitivo corto y que no quite el hambre. Los invitados permanecerán de pie para permitir la llegada de todos los comensales y disimular la de los más impuntuales. Este ambiente distendido es el que facilitará las presentaciones a los nuevos miembros de la familia y el inicio de la conversación.
El anfitrión siempre hará el recibimiento de los invitados en la entrada de la casa; luego, el aperitivo se llevará a cabo en un espacio que reservemos dentro del salón-comedor, pero nunca sentados en la mesa.
La etiqueta del anfitrión siempre tiene que ser la misma que la que él pida a sus invitados, y dependerá de la tesitura de la cena. La única norma es ir elegante: aunque sea de carácter informal, no hay que olvidar que estamos en una fiesta.
2. Sobre la ubicación de los comensales: juntos pero no revueltos
Situaremos a los anfitriones en el centro o en las cabeceras de la mesa, dependiendo de lo cerca que queden estos sitios del acceso a la cocina, para facilitarles el trabajo. Al resto deberíamos colocarlos procurando generar un ambiente uniforme y evitar posibles incompatibilidades.
Ubicar a personas afines juntas siempre da buen resultado; es buena idea alternar a las personas según su sexo para evitar que se sienten todos los hombres en un bando y las mujeres en otro. Es aconsejable que las parejas se sienten separadas para que queden más integradas.
Por otro lado, si alguno de los asistentes no conoce al resto, le haremos sentarse en un lugar donde pueda interactuar con todo el mundo. En los extremos de la mesa, se sentarán los habitantes de la casa o los más jóvenes. Es preferible habilitar otra mesa para los niños y que coman en otro momento.
3. La mesa: cada cosa en su sitio
El primer impacto visual que recibe el invitado al llegar es la forma en la que está colocada la mesa. La norma fundamental es que guarde una relación de proporcionalidad con el número de comensales, teniendo en cuenta que cada uno necesita como mínimo 70 cm y como máximo 100 cm. Además, es aconsejable poner una mesa de apoyo para no sobrecargar la mesa principal.
La mantelería debe ser de tejidos naturales y de colores claros. Un truco para aportar calidez y comodidad a la mesa es usar el muletón, el paño de algodón grueso que se pone debajo del mantel. La servilleta debe estar doblada sencillamente y colocada sobre la mesa. Aunque estemos habituados a verlo en restaurantes, es un error tanto ponerla dentro de las copas como usarla como elemento decorativo.
La vajilla adecuada es la que se ajusta al menú que vamos a degustar. Es recomendable el uso de una vajilla que dé color a la mesa siempre que sea con prudencia, decantándose por colores lisos o estampados acordes con la situación. Sólo se ponen las copas necesarias para el vino que se vaya a servir, además de la de agua que siempre tiene que estar. Las copas de cava o licores complementarios se sacarán sólo cuando se sirvan, nunca desde el principio. Las piezas de la cubertería se colocan de fuera hacia dentro en el orden en el que se vayan a utilizar y en el sitio donde está la mano con la que las vamos a usar.
En cuanto a los elementos decorativos, la mesa navideña admite muchos, siempre y cuando éstos no entorpezcan la visión entre comensales. Se recomiendan centros de flores naturales o secas (nunca artificiales) y que no sean excesivamente olorosas o de frutos secos. Las velas se usarán solo en las cenas y siempre encendidas, descartando las aromáticas.
4. No hace falta ser experto para comportarse correctamente en la mesa: sólo hay que tener sentido común
El objetivo fundamental de toda celebración navideña es el de disfrutar tanto del menú como de la buena compañía, por lo que todo anfitrión debe ser capaz de crear un ambiente agradable. Para ello hay que evitar temas conflictivos que susciten polémicas, temas escatológicos o que alguien monopolice la conversación. Es importante estar pendiente para hacer partícipe a todos los invitados de las conversaciones, para evitar dejar que alguien quede ignorado o marginado.
No se debería utilizar el teléfono móvil y, si se trata de una llamada imprescindible, avisarlo, pedir disculpas y ausentarse para atender esa llamada. Tampoco es adecuado fumar durante la comida. Sólo en el momento del café y con previa autorización de los comensales. Terminantemente prohibido sorber, jugar con los cubiertos o con el pan, pasar el brazo por delante de un comensal, tomar jarabes o medicamentos disueltos en agua en la mesa, esconder la mano libre bajo la mesa, utilizar palillos para quitarse la comida de entre los dientes o tomar una infusión o el café sin sacar la cucharilla de la taza.
5. Convertir la sobremesa en el colofón final de una gran celebración
En las Fiestas Navideñas, la sobremesa toma un papel relevante ya que es, normalmente, el momento más distendido de la velada. Es el momento perfecto para sorprender a los invitados con un detalle especial, que muestre el cariño con el que hemos preparado la visita. La duración de este tipo de reuniones familiares viene marcada según el proceso de la misma, no hay un límite. Aun así, lo ideal es que la sobremesa dure entre media hora y una hora y media como mucho, pero el anfitrión nunca debe marcar el final. Por noma general, en la sobremesa se charla o se juega a algo. Atención: la televisión no se pone. Sólo se enciende para ver en directo las campanadas de fin de año.