Entre viñedos provenzales

Te proponemos una escapada de otoño para oxigenarte por dentro. A unas cinco horas de Barcelona, la Provenza francesa acampa a sus anchas con atardeceres de película y ricos sorbos de vino Mourchon.

7/11/2011 15:49 | Patricia Sañes

En el corazón de la Provenza francesa Nuestra colaboradora Patricia Sañes te invita a acompañarla en este viaje con sello francés.

Quedarte adormilada en el coche un sábado de noviembre, y despertarte en medio de robles amarillentos que se tornan rojizos con el paso del cuentakilómetros, viñedos que bordean carreteras con sello francés y olor a campo& ¿Mi destino? Crillon Le Bavre, un diminuto pueblo medieval a 25 km de Avignon, que acoge un hotel que firma con el mismo nombre y mucho encanto. Sus suites están típicamente decoradas con cortinas de flores provenzales, a juego con los cojines de un orejero que invita a leer en él. Las almohadas de plumas de una cama king size me regalaron un sueño profundo y olvidadizo.

¿Lo mejor? La bañera antigua, de patas vistas, que preside la habitación y en la que me sumergí bajo las espumas de L´Occitane. Imprescindible alquilar coche si no viajas con él desde casa, para poder recorrer los cientos de pueblecitos que se suceden sin tregua. Está prohibido no parar en Aix en Provence, una de las capitales de la zona, donde disfrutarás de los pintorescos puestos de jabones, pintura, menaje y objetos artesanos de decoración que se aglutinan para deleite del buen gusto y la tradición del lugar.

Dégas y Cézanne te esperan con sus pinceladas impresionistas en el museo Granet, en la plaza Saint-Jean de Malte.

Siguiente parada: Gordes. Otro pequeño pueblo que corona una de las colinas de la Povenza, y en el que encontrarás tiendas únicas de decoración y lencería como La Meridienne (Place du Château), una coqueta boutique que expone camisones de lino, maniquíes de hierro forjado y cajas bordadas donde guardar tu ropa interior cuando te vas de viaje.

Otro tesoro: Provence Home Fashion, una pequeña tienda de antigüedades y piezas joya como bustiers franceses de décadas pasadas. Y cuando el atardecer tiñe el paisaje de color berenjena, es hora de inmortalizar la escena con la cámara digital y volver al hotel, para disfrutar a la luz de las velas del solomillo al foie del hotel Crillon Le Bavre, cuyo restaurante de paredes empedradas y fotografías de bodegas en blanco y negro, te susurrará las buenas noches.

¿qué opinas?

en Facebook

Siguenos también en: Twitter Facebook Tumblr Youtube