9/02/2012 11:50 | Mamen Infante
De entrada, llama la atención un cambio de armario. La antaño amante de colores vivos, ácidos, puros, se presentó con un sencillo LBD y zapatos de medio tacón achanelados. Pendientes de un rosa que dulcifica los rasgos, en general más femenina e infinitamente más atractiva.
El siguiente cambio es el pelo. Fuera los mechones en punta y el amarillo pollito del pasado. Un peinado con melenita súpervoluminizada en la zona de la mandíbula favorece a los rostros muy delgados. Otro punto a destacar: la política parece haber ganado algún que otro kilo que le ha sentado estupendamente.
¿Quirófano o cabina de estética?
Pero de un aumento de peso no puede vivir semejante estiramiento facial. Claramente, ha sido intervenido por un, digámosolo ya, auténtico experto en estética, el doctor Enrique Monereo, uno de los cirujanos más buscados y reconocidos; ya que por sus manos han pasado desde Elsa Pataky a Lara Dibildos, Alaska o Laura Valenzuela.
Podríamos intuir, por el resultado tan natural, que podría tratarse de un buen relleno con grasa autóloga pero... ¿de dónde la iban a sacar? Quizá podríamos pensar en un ataque de bótox generalizado pero ¡no! porque éste sólo se puede inyectar en el tercio superior del rostro y, realmente, el cambio más constatable está en boca, mejillas y mandíbula.
Los signos de envejecimiento más palpables en María Teresa Fernández de la Vega eran el tono macilento de su piel, producto de un exceso de sol, y las arrugas verticales en mejillas y código de barras. Además, el cuello ya acusaba gran flacidez. Falta de tono que también era evidente en los párpados que, dada su caída, otorgaban un aspecto de cansancio permanente en la ex-vicepresidenta.
¿Qué se ha hecho y cuánto ha pagado?
Mujer.es, asesorada por los mejores expertos en cirugía plástica y medicina estética (que, por supuesto, tampoco quieren ser nombrados como fuente, y es que el respeto por el trabajo de otros es una máxima en este colectivo), se atreve a calcular el número de intervenciones, su naturaleza y el precio aproximado de todo ello:
- La frente está como recién planchada. Técnica: bótox. Precio por sesión: 680 euros (retocable cada seis meses.)
- Las patas de gallo también están suavizadas. Esto podría deberse al mismo bótox pero, dado que los ojos han cambiado su expresión, ahora mucho más despierta y rasgada, parece que ha disfrutado un microlifting frontal (precio: a partir de 7.500 euros, aproximadamente).
- El cambio en las mejillas es de lo más significativo. Tras un resurfacing para borrar arrugas verticales (precio: con láser ablativo fraccionado cuesta una media de 120 euros la sesión, dependiendo de la extensión de la zona donde se aplique), se nota que han sido rellenadas. Probablemente con ácido hialurónico (a partir de 390 euros), al igual que los labios (otros 390).
- Pero, sin ninguna duda, el toque maestro se lo han dado en el labio superior. Las arrugas del código de barras, las más profundas jamás fotografiadas en una figura pública de su envergadura, han sido fulminadas probablemente también con un láser ablativo (a partir de 120 euros la sesión, y habrá necesitado varias) y, tras este "borrado" de arrugas y surcos, se ha hecho un peeling médico (a partir de 120 euros la sesión) para suavizar otra de las peores y más difíciles muestras de fotoenvejecimiento: el tono ennegrecido de su piel, absolutamente maltratada por un exceso continuado de sol.
- Para terminar, otro retoque importante: un microlifting cervical para estirar la flacidez de barbilla, mandíbula y cuello. Con radiofrecuencia (100 euros la sesión; hacen falta de 8 a 10) hubiera mejorado mucho la zona, pero jamás habría obtener el aspecto que tiene. Seguramente, ha sido "corte y confección", y eso también tiene un precio. Entre 5000 y 7000 euros, en concreto.
Total: 9 intervenciones = unos 17.000 euros.